Todas las parejas y respectivas familias realizan un gran esfuerzo y prestan especial atención en la organización de la boda; todo tiene que salir bien y los pequeños y grandes detalles son muy importantes para ello.
A menudo estos detalles son símbolo del esfuerzo o colaboración especial de algún familiar o amigo y con ello demuestran el cariño hacia la pareja y sus familias.
Otras veces son resultado de la particular diligencia de los novios y ponen de manifiesto sus gustos y personalidad.
El proceso de selección que lleva a decidirse por un ramo de novia, un hotel, un coche, una decoración, etc., implica, además, una inversión de tiempo y dinero.
Todas estas razones deberían ser suficientes para que el fotógrafo recoja en su trabajo todos los detalles de la boda, por respeto a ese esfuerzo. Pero en mi caso hay una razón adicional que me mueve a hacer todas esas fotos: me gusta hacerlas; encuentro en muchos de estos objetos una belleza intrínseca que justifica la foto y me invita a deleitarme con ellas.